Rocío tiene retinosis pigmentaria y es trabajadora social en el área de la baja visión.
¿Por qué elegiste ser trabajadora social?
No fue porque lo tuviera clarísimo desde pequeña ni porque me levantara un día con una vocación súper definida. La verdad es que me hablaban de que Trabajo Social no era una carrera especialmente difícil y pensé: “Bueno, me puede cuadrar”. Y al final, entre lo que fui descubriendo y lo que me fui diciendo a mí misma para animarme, terminé encontrando ahí mi sitio… y oye, me salió bien.
¿Qué es lo mejor de tu trabajo?
Lo mejor es sentir que puedo acompañar a la gente en momentos complicados y ver cómo cambian las cosas cuando encuentran un apoyo o una orientación. Los milagros no existen, pero a veces una conversación, una gestión o simplemente estar ahí hace más de lo que parece, y eso es muy bonito.
¿Cuáles son las necesidades más habituales de las personas a las que apoyas?
Sobre todo, información clara, apoyo emocional y alguien que les ayude a ordenar todo lo que tienen encima. Muchas personas llegan con dudas, miedos o con un montón de trámites por delante. A veces necesitan orientación práctica, otras solo que alguien les escuche de verdad. Y en temas de visión, la adaptación, la autonomía y acceso a recursos sociales suelen ser muy recurrentes.
¿Qué dificultades encuentras en tu trabajo y en tu día a día por tener baja visión?
En el trabajo, sinceramente, casi ninguna. Me voy adaptando a lo que necesito: amplío lo que haga falta, organizo mi forma de trabajar….
En el día a día es donde aparece lo complicado, la falta de accesibilidad en la calle, aceras mal mantenidas, obstáculos que no deberían estar ahí… Ese tipo de cosas que, cuando tienes baja visión, te obligan a ir con más cuidado. Aun así, una se busca sus recursos: uso el móvil para orientarme mejor, pregunto cuando lo necesito, voy a mi ritmo… Al final es una mezcla entre adaptarme yo y que el entorno debería ponerlo un poquito más fácil.
¿Qué te dice la gente a la que apoyas cuando descubre que tienes baja visión?
Al principio muchos se sorprenden, pero enseguida lo ven como algo positivo. Les da confianza saber que entiendo de primera mano muchas de las situaciones que están viviendo, que no hablo solo desde la teoría sino también desde mi propia experiencia.
Normalmente eso genera un clima distinto, se relajan, sienten que pueden contar las cosas sin miedo a no ser entendidos y la relación se vuelve más cercana. Al final, saber que la persona que te escucha también ha aprendido a gestionar sus dificultades crea un vínculo especial. Eso, en este trabajo, vale mucho.
¿Qué consejo le darías a una persona con baja visión que quiera estudiar Trabajo Social?
Le diría que adelante, sin miedo. Y no solo con Trabajo Social, con cualquier carrera, formación o proyecto que le apetezca. Muchas veces los límites no están en la baja visión, sino en las ideas que nos metemos en la cabeza o en lo que otras personas creen que podemos o no podemos hacer.
Si hablamos concretamente de Trabajo Social, es una carrera muy humana, accesible y que se disfruta mucho si te gusta acompañar a personas y trabajar cerca de la realidad de la gente. Cada uno estudia a su ritmo, con sus apoyos y sus herramientas, y eso es más que suficiente.
Pero lo más importante es esto: haz lo que te guste, lo que te motive y lo que te haga sentir que avanzas. La visión no define tus posibilidades, tú sí. El resto se aprende y se adapta por el camino.