La realidad de la Baja Visión

Baja visión
Baja visión

La baja visión es un problema de salud que está aumentando debido al envejecimiento de la población. El impacto en la calidad de vida es rotundo. La buena noticia es que el desarrollo tecnológico está marcando la diferencia en los últimos años.
En la actualidad, los pacientes cuentan con ayudas técnicas que les permiten normalizar su vida cotidiana. Estas personas comprueban que pueden volver a hacer actividades que habían abandonado.
Además, recurrir a estas soluciones producen otros beneficios colaterales que no son triviales: “Disminuyen la depresión, las caídas o los golpes con obstáculos que dan lugar a un número significativo de accidentes con sus consecuencias más o menos serias.
Los datos muestran que el 90% de los afectados puede beneficiarse de estos avances, sin embargo, sólo lo hace el 10%. Esto es así porque los pacientes no reciben información ni son derivados por los especialistas a las ópticas especializadas, que hay en casi todas las provincias y cuyo listado se encuentra en la página web de la Sociedad Española de Especialistas en Baja Visión.

Por otra parte, “la baja visión es una gran desconocida. Se habla mucho más de la ceguera o de los problemas de personas con una visión normal.
Pero, ¿qué se considera baja visión? Los expertos explican que se diagnostica cuando la agudeza visual se sitúa entre un 10% y un 30% en el mejor de los dos ojos y/o un campo visual por debajo de 20º. Esta situación se traduce en una incapacidad para leer, escribir, coser, realizar labores caseras e incluso comer. Y para diferenciar, por ceguera legal se entiende una agudeza visual menor del 10 por ciento y/o un campo visual menor a 10º, pero estos pacientes ya pueden afiliarse a la ONCE y utilizar sus servicios.

Prevalencia

En España más de un millón y medio de personas padecen este trastorno y las estimaciones de los expertos indican que en 2050 la cifra podría triplicarse. Su crecimiento obedece al aumento de la esperanza de vida. De hecho, causas importantes son patologías adquiridas como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), la diabetes o el glaucoma.
La miopía magna es también determinante. Una vez superadas las cinco dioptrías es cuando el ojo se convierte en patológico y se sabe que 2 de cada 10 miopes desembocarán en discapacidad visual severa.
Hay un dato preocupante y es que afecta ya a 6 de cada 10 universitarios y está aumentando en prevalencia y grado debido, según la Sociedad Española de Especialistas en Baja Visión al abuso de las pantallas, el estilo de vida sedentario y una mala higiene visual.
Las ayudas técnicas y la rehabilitación visual para aprender a utilizarlas en función de las deficiencias y habilidades de los pacientes permiten sacar partido del resto visual de estas personas.

Retraso en el diagnóstico

Surgen varios problemas en este sentido: uno de ellos es que los pacientes llegan a las ópticas especializadas con cinco años de retraso y un segundo que es él es el funcionamiento de la sanidad pública. Este último supone un gran obstáculo ya que, en el Sistema Nacional de Salud, no existen unidades de rehabilitación visual en los hospitales.
A lo que se une la problemática con respecto a algunos facultativos, ya que muchas veces no informan a los pacientes que existen unos centros o clínicas en los que existen servicios de baja visión. El paciente una vez recibido el diagnóstico, tiene que investigar por su cuenta, lamentablemente.

El poder de la prevención

Tampoco hay que olvidar la prevención.
Por ejemplo, una miopía magna superior a 6 dioptrías puede tener una repercusión a nivel retiniano y, cuando hay factores de riesgo añadidos, un desgarro en la retina o tracción vítrea; por eso es preciso actuar pronto.
Es importante que se realice una concienciación de la población sobre los problemas visuales que pueden ir apareciendo con la edad y de la importancia del cuidado de otros problemas metabólicos que los pueden originar”.
Es necesario un control de la diabetes e hiperuricemia o de la presión arterial y en que hay que protegerse de la radiación solar.
Así como la derivación a centros especializados en baja visión, generando confianza en la cantidad de medios técnicos que hay hoy en día. Asimismo, son esenciales las revisiones oftalmológicas (una vez al año a partir de los 45-50 años) y una alimentación rica en antioxidantes.
En cuanto al tratamiento, no hay muchas novedades más allá de los complejos vitamínicos, sobre los que algunos especialistas son escépticos, y las inyecciones intravítreas de antiangiogénicos en degeneración macular húmeda.

Ayudas para todas las necesidades

Hoy, hay un buen número de ayudas técnicas de las que se pueden beneficiar las personas con baja visión. Los microscopios facilitan la visión de cerca con gran posibilidad de aumentos. Tienen la ventaja de ir montados en las gafas , dejando las manos libres y permitiendo observar gran cantidad de texto. Son ideales para la lectura continuada y facilitan la visión de los dos ojos a la vez. La última novedad en este campo son las gafas leddles, que son microscopios con luz.
El telemicroscopio permite ver de cerca pero a mayor distancia que el microscopio, siendo el campo visual más reducido. Y las lupas son el sistema óptico más sencillo y fácil de usar para agrandar el tamaño de los objetos. Existen diferentes tipos (manuales, con soporte y con luz) pero han de ser prescritas, igual que las gafas, en función del uso y las características del paciente.
Para ver de lejos, las lentes magnificadoras tienen una ampliación de la imagen del 1% al 9% y pueden llevar un filtro terapéutico para mejorar el contraste. Los filtros selectivos mejoran el contraste y protegen de la luz solar, y los telescopios permiten mejorar la visión de lejos, por ejemplo, para ver la televisión o el nombre de una calle. Pueden ir montados en las gafas, con un clip manual o colgados del cuello. Si la pérdida de visión afecta al campo periférico, hay ayudas especiales para ampliarlo, como el telescopio invertido y los prismas sectoriales.
Las pantallas de plasma y LCD para ver la televisión, los monederos que cuentan dinero o las máquinas para enhebrar son otras herramientas disponibles.
Las nuevas tecnologías también han traído ayudas como las gafas de realidad aumentada o los lectores, que se incorporan a la patilla de la gafa y permiten la lectura con voz, o apps que ofrecen servicios para orientarse o leer textos.

Fuente: Diario Médico

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