Hallan un compuesto que regula la inflamación con el que podría frenar la DMAE

DMAE húmeda

Científicos del Trinity College de Dublín han abierto un nuevo camino para tratar la degeneración macular asociada a la edad, la principal causa de ceguera en personas mayores de sesenta años. Han descubierto que en esta enfermedad juega un papel clave el sistema inmune y en concreto, una parte llamada inflamasoma que está implicada en el inicio de la respuesta inflamatoria. En la revista «Nature Medicine» demuestran que controlando la inflamación se puede prevenir el desarrollo de la degeneración macular.

En la degeneración macular se pierde la visión central. Quienes la padecen tienen problemas para leer, ver la televisión, conducir o utilizar un ordenador. Existen dos formas de degeneración macular: seca y húmeda. La primera avanza con mayor lentitud que la segunda, aunque la enfermedad es muy variable. La forma seca puede avanzar y causar pérdida de visión sin convertirse en la forma húmeda de la enfermedad. Y también es posible que las primeras etapas de la degeneración macular seca progresen a una forma húmeda, que es también más agresiva.

Los hallazgos de los científicos británicos pueden cambiar el curso de la enfermedad y evitar que la forma seca evolucione a la húmeda. «Nuestros resultados sugieren que controlando los niveles de un compuesto relacionado con la inflamación (IL-18) en la retina se evita la progresión hacia la forma húmeda, lo que nos conduce hacia un nuevo tratamiento de la enfermedad», explica Sarah Doyle, una de las firmantes del estudio.

Tradicionalmente la inflamación en la retina o en el interior del ojo, en general, es un síntoma de muchas enfermedades oculares. Lo que hasta ahora no se sabía es que un único compuesto relacionado con la inflamación podía evitar la progresión.

Doyle y el doctor Matthew Campbell han llegado a esta conclusión al relacionar la inflamación con la acumulación de drusas, los depósitos amarillos que se acumulan por debajo de la retina, típicos de la degeneración macular.

Las drusas a menudo se encuentran en los ojos de las personas de edad avanzada, pero un aumento en el tamaño y el número de estos depósitos suele ser la primera señal de alarma de la enfermedad. Con el tiempo, las drusas deterioran la mácula, el epitelio pigmentario retiniano y las células fotorreceptoras. El resultado es la pérdida progresiva de la visión. No hay tratamiento, salvo evitar factores de riesgo como dejar de fumar.

La única ventaja de la degeneración seca es que avanza con mayor lentitud, salvo cuando evoluciona a la forma húmeda. En estos casos, se produce un crecimiento anormal de los vasos sanguíneos que crecen detrás de la mácula. Estos vasos sanguíneos son muy frágiles y pueden causar hemorragias que dañan la mácula con rapidez y la pérdida de la visión central. El efecto en los pacientes es como si les pusieran dos monedas en frente de sus ojos. La sensación es como ver dos círculos negros que bloquean la visión central.

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Fuente: Diariomedico.com

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