Cuando una niña o un niño pregunta por un bastón, un perro guía o una discapacidad visual

A veces pasa en la calle, en el autobús, en una tienda o en el parque, una niña o un niño ve a una persona con bastón blanco, blanco y rojo o con bastón verde, con perro guía o con alguna dificultad para moverse y pregunta en voz alta:

  • “¿Por qué lleva eso?”
  • “¿No ve?”
  • “¿Qué le pasa?”
  • “¿Por qué va con un perro?”

Y entonces muchas personas adultas se ponen nerviosas, intentan cortar la pregunta, cambiar de tema o disculparse con cara de tierra trágame. Lo hacen con buena intención, claro, nadie quiere incomodar, pero quizá ahí estamos perdiendo una oportunidad muy valiosa.

Porque la curiosidad infantil no suele venir del juicio, sino del desconocimiento, las niñas y los niños preguntan porque están intentando entender el mundo y en el mundo hay personas que ven bien, personas que no ven nada, personas con baja visión, personas que usan bastón, personas que usan perro guía y personas que no utilizan ninguna ayuda visible, aunque tengan dificultades visuales.

No todas las discapacidades se ven desde fuera. Una persona con baja visión puede caminar sin bastón, usar el móvil, mirar hacia ti o moverse con aparente normalidad, y aun así tener dificultades para leer un cartel, reconocer una cara, calcular un escalón, orientarse en un sitio nuevo o moverse con seguridad cuando hay poca luz.

También puede ocurrir lo contrario, una persona que usa bastón o perro guía no necesita que todo el mundo intervenga constantemente, puede necesitar ayuda en un momento concreto, pero también tiene autonomía, experiencia…

Por eso es importante que niñas y niños crezcan sabiendo que la discapacidad forma parte de la vida, no como algo raro, ni como algo que haya que esconder, sino como una realidad más. Hablar de ello con naturalidad ayuda a construir una sociedad más respetuosa, más accesible y menos incómoda.

Qué hacer cuando una niña o un niño pregunta

No pasa nada, de verdad. Que una niña o un niño pregunte no es un problema, lo importante es cómo respondemos.

Podemos contestar de forma sencilla, sin dramatizar y sin inventar:

  • “Ese bastón ayuda a algunas personas a orientarse mejor.”
  • “Hay personas que no ven bien y usan apoyos para moverse con más seguridad.”
  • “Ese perro está ayudando a la persona a desplazarse.”
  • “Hay personas que ven de manera diferente. Algunas ven poco, otras no ven nada, y otras necesitan más tiempo para orientarse.”

No hace falta dar una explicación médica larguísima, basta con una respuesta clara, tranquila y respetuosa.

Lo que conviene evitar

A veces, por incomodidad, las personas adultas decimos cosas como:

  • “No mires.”
  • “Cállate.”
  • “Eso no se pregunta.”
  • “Pobrecita.”
  • “No molestes.”

Pero esas frases pueden transmitir justo lo contrario de lo que queremos, la niña o el niño puede entender que la discapacidad es algo prohibido, vergonzoso o triste y la persona con discapacidad puede sentirse observada o convertida en una situación incómoda.

Es mucho mejor enseñar a mirar con respeto que enseñar a no mirar nunca, porque mirar no es el problema. El problema es señalar, invadir, tocar, burlarse o hablar de una persona como si no estuviera delante.

Preguntar sí, pero con respeto

También podemos enseñar a la infancia algo muy importante, no todo se pregunta directamente a una persona desconocida. Una cosa es tener curiosidad y otra invadir la intimidad de alguien.

Podemos decir:

“Luego te lo explico.”
“Si alguna vez quieres preguntar algo, lo hacemos con respeto.”
“No tocamos el bastón ni al perro guía.”
“Primero preguntamos si la persona necesita ayuda, no damos por hecho que la necesita.”

Y si la situación lo permite, y la persona parece abierta, se puede preguntar directamente a ella, estoy segura de que muchas personas estarán encantadas de explicarlo, otras no tendrán ganas o tiempo y también está bien. Nadie tiene la obligación de convertirse en una clase improvisada sobre discapacidad mientras va a comprar el pan.

Cómo ofrecer ayuda

Otra idea importante para enseñar desde pequeños es que ayudar no significa lanzarse sin preguntar, si vemos a una persona con discapacidad visual, lo adecuado es preguntar:

  • “¿Necesitas ayuda?”
  • “¿Necesitas que te indique dónde está la puerta?”
  • “¿Quieres que te diga cuándo cambia el semáforo?”

Y si la persona dice que no, se respeta, sin insistir.

En el caso de un perro guía, hay una norma básica, no se toca, no se llama, no se distrae. Aunque sea precioso y aunque a cualquier niña o niño le entren ganas de acariciarlo, está concentrado y es mejor no distraerle.

La baja visión también existe

Una de las cosas que más cuesta explicar es la baja visión, porque muchas veces no se nota a simple vista. Una persona con baja visión no es una persona ciega, puede conservar parte de la visión, pero no la suficiente para hacer algunas actividades con normalidad. Puede ver borroso, perder visión central, tener visión en túnel, deslumbrarse con facilidad o necesitar mucho contraste y buena iluminación.

Por eso, a veces alguien con baja visión puede parecer que se maneja bien y, sin embargo, necesitar más tiempo, más luz, letras más grandes o ayuda puntual y esto también es importante que niñas y niños lo sepan, no todo se ve desde fuera.

Hablar de discapacidad con niñas y niños no tiene que ser una conversación triste ni complicada, puede ser una forma sencilla de enseñar empatía, respeto y diversidad, la curiosidad infantil puede ser una oportunidad preciosa para explicar que hay muchas formas de ver, de mirar y de estar en el mundo.

¿Alguna vez os ha pasado una situación así? ¿Cómo la habéis gestionado?

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