Un equipo del Grupo de Ingeniería Tisular de la Universidad de Granada (UGR) trabaja en el desarrollo de una córnea bioartificial elaborada a partir de escamas de pescado. Los resultados obtenidos hasta ahora en laboratorio y en modelos animales son prometedores, aunque todavía pasarán varios años antes de que este tipo de implantes pueda llegar a pacientes.
La idea surgió de una observación sencilla, las escamas de algunos peces son resistentes, flexibles y, en ciertos casos, bastante transparentes. Estas características llevaron a los investigadores a explorar si podían utilizarse como base para crear un material que imitara la estructura de la córnea humana.
Tras analizar diferentes especies de peces comunes en los mercados, el equipo comprobó que varias escamas podían funcionar como biomaterial. Sin embargo, las de carpa, un pez de agua dulce, resultaron ser las que ofrecían mejores propiedades en conjunto: buena transparencia, resistencia y compatibilidad con las células.
El proceso comienza con la extracción y limpieza de las escamas. En el laboratorio se eliminan las células del pez y otros componentes que no resultan útiles, como una capa de calcio que recubre su superficie. Después queda el núcleo de la escama, una estructura rica en colágeno que puede utilizarse como soporte para cultivar células de la córnea.
Sobre ese material se cultivan células corneales humanas en varias capas, creando una estructura que se asemeja a la córnea natural: un tejido transparente y resistente que podría, en el futuro, implantarse para sustituir zonas dañadas del ojo.
Una línea de investigación con recorrido
El equipo que lidera esta investigación lleva más de dos décadas trabajando en ingeniería tisular. A lo largo de estos años han desarrollado distintos tejidos bioartificiales, entre ellos piel artificial —que ya se ha implantado en pacientes— y un paladar artificial utilizado en niños con determinadas malformaciones.
Sin embargo, trasladar estos avances del laboratorio a la práctica clínica no es un proceso rápido. Al tratarse de terapias avanzadas, requieren evaluaciones y autorizaciones regulatorias complejas. Según los investigadores, incluso en el escenario más optimista, esta nueva córnea basada en escamas de pescado tardaría entre cuatro y cinco años en comenzar a probarse en pacientes.
A quién podría beneficiar
La córnea tiene una capacidad de regeneración limitada porque no contiene vasos sanguíneos. Por eso algunas lesiones —como úlceras corneales graves o daños producidos por traumatismos— pueden tardar mucho en curarse o incluso provocar pérdida de visión.
En el futuro, este tipo de córneas bioartificiales podrían utilizarse para sustituir tejido corneal muy dañado y ayudar a recuperar transparencia y función visual.
De momento, el trabajo continúa en el laboratorio. Pero este tipo de investigaciones muestran cómo la ingeniería de tejidos sigue explorando nuevas soluciones para tratar enfermedades oculares.
Fuente: El Mundo.