La baja visión afecta a muchísimas personas en España, sin embargo, seguimos sin saber qué implica realmente convivir con una discapacidad visual.
La mayoría de las veces no hacen falta grandes cambios, pequeños gestos cotidianos pueden facilitar mucho determinadas situaciones y contribuir a que las personas con baja visión se desenvuelvan con mayor comodidad y autonomía.
1. Cuando saludes, di quién eres
Muchas personas con baja visión tienen dificultades para reconocer caras, especialmente a cierta distancia o en entornos con poca iluminación.
Si te acercas a alguien y le saludas, un simple «Hola, soy María» puede evitar momentos incómodos y hacer la conversación mucho más natural.
2. No des por hecho cómo vemos
La baja visión no afecta a todas las personas de la misma manera, hay quien tiene dificultades para leer, quien pierde visión central, quien tiene problemas con los contrastes o quien ve peor cuando cambia la iluminación.
3. Cuida el tamaño de la letra y el contraste
Una cita médica, un menú, un programa de actividades o una hoja informativa pueden convertirse en un auténtico desafío cuando la letra es demasiado pequeña o el contraste falla.
Utilizar un tamaño de letra adecuado y un buen contraste beneficia a las personas con baja visión y también a muchas personas mayores.
4. El orden también ayuda a ver mejor
Muchas personas con baja visión utilizan referencias visuales para orientarse y localizar objetos en su entorno.
Cuando se dejan cajas en medio de un pasillo, objetos en el suelo o elementos que invaden las zonas de paso, desplazarse puede resultar más complicado y menos seguro.
Lo mismo ocurre en comercios, oficinas o espacios públicos donde la señalización es escasa o los recorridos están ocupados por expositores, carteles o mobiliario.
Mantener los espacios despejados y evitar obstáculos innecesarios facilita la movilidad y aporta mayor seguridad en el día a día.
5. Antes de ayudar, pregunta
Las personas con baja visión desarrollan estrategias para estudiar, trabajar, desplazarse, utilizar la tecnología o realizar actividades cotidianas.
Si crees que alguien puede necesitar ayuda, lo mejor es preguntar antes.
Ofrecer ayuda siempre es positivo, decidir cómo recibirla también forma parte de la autonomía de cada persona.
Muchas de las dificultades que encuentran las personas con baja visión no tienen que ver únicamente con la patología visual, sino con el desconocimiento que todavía existe sobre esta realidad, conocer qué es la baja visión y cómo afecta al día a día es el primer paso para construir entornos más accesibles y una sociedad más inclusiva.
Y tú, ¿añadirías alguna otra recomendación que deberíamos tener en cuenta?